Los motes y el beisbol santiaguero

Modesto Larduet, una fiesta en el terreno

No se si los cubanos tenemos mayor o menor propensión a utilizar motes que otras culturas pero no albergo duda alguna que la inclinación es bastante notoria entre nosotros, a tal punto que basta una reunión de personas en una situación informal para que comiencen a menudear estos bautismos cuya perdurabilidad no siempre está garantizada de antemano, pues depende de la aceptación que tengan a nivel grupal y social.


En el deporte la costumbre está muy enraizada desde siempre y en el caso particular del beisbol los ejemplos menudean.

Hoy quiero repasar, con la ayuda de ustedes, los sobrenombres que han marcado a algunos exponentes del beisbol santiaguero a lo largo del tiempo.

Cronológicamente la primera huella que conservo en la memoria es la del inefable Ezequiel Ferrer, pionero de nuestras series nacionales y posteriormente moldeador de jugadores en las edades infantiles: figura que encarna una admirable dedicación a este deporte  y quien es proverbialmente conocido como ¨Búcaro¨.

Otro caso a mencionar es el de Fermín Laffita, quien aunque no fue hijo natural de Santiago de Cuba, defendió durante muchos años el estandarte de este territorio en nuestro campeonato nacional. 

Laffita quedó acuñado para siempre con el seudónimo de ´Satélite Oriental¨ por sus habilidades como patrullero central y la velocidad de  sus piernas; ello pese a que también recibió otros epítetos que 
al cabo resultaron menos arraigados como ¨Rey de la Pradera Central¨ y ¨Galgo del Jardín Central¨. 

Siguiendo el curso de la memoria no puede faltar el emblemático Braudilio Vinent, más conocido como ¨Meteoro de La Maya¨por la velocidad aterradora de sus lanzamientos. Vinent tiene también un apodo de estirpe menos universal y que se hace presente en su entorno más cercano: ¨Bayiyo¨.

Orestes Kindelán, el más grande jonronero cubano, no es otro que el ¨Tambor Mayor¨ por su función clave en la sinfonía ofensiva de los equipos indómitos y de nuestro plantel nacional.

Antonio Pacheco, jugador que deslumbró tanto por su virtuosismo ofensivo como defensivo, gozó siempre de gran autoridad entre sus compañeros y por ello asumió durante años las funciones de capitán del equipo, no sólo en Santiago de Cuba sino también en la selección Cuba; Pacheco -obviamente- no era uno más y por ello acabó por ser llamado ¨Capitán de Capitanes¨.

Otro pelotero santiaguero marcado por su peculiar velocidad en las bases es el ex-jardinero Jorge García llamado justamente el ´Bólido del Cauto¨; en clara alusión, además, a su natal Palma Soriano.

También palmero es Rey Isaac, jugador muy integral que se ganó la admiración por sus resultados en el diamante y a quien todos identificamos hoy día como el ¨Rey de Palma Soriano¨, una expresiva combinación de su nombre y de su tierra natal.

Ormari Romero recibió en su bautismo popular la mezcla de su portentosa estatura, sus resultados 

competitivos y su poblado de origen, allá en medio del motañoso relieve del II Frente; todo lo cual lo inscribe en la memoria colectiva como el ¨Gigante de Seboruco.

Mucho más cercano en el tiempo, está el caso del sobresaliente intermedista Héctor Olivera a quien sus compañeros llaman ¨Jalisco¨. Curiosamente el mote se lo colocaron porque cuando en su infancia empezó a practicar beisbol - con jugadores de más edad que él - era muy malo a la defensa y los roletazos se le filtraban entre las piernas; razón por la cual le tarareaban la canción Ay Jalisco, no te rajes¨.

Otro de los tiempos actuales es el excelente patrullero derecho Alexei Bell, que merced a su talento le ha dado tintes de universalidad a un tratamiento que comenzó en el entorno familiar y que ahora recorre el mundo... ¨Tato¨Bell

Deliberadamente he dejado para el final a un carismático pelotero que se lleva indiscutidamente el premio a la mayor cosecha de pseudónimos, el popular receptor Modesto Larduet llamado indistintamente ¨Tupamaro¨ (preferentemente el Tupa), Leoncio, Dalúa, Señorito Malta etc en una larga cadena de sobrenombres salidos de personajes de la telenovela en turno y que cobraron nueva vida en los diamantes beisboleros, gracias a la singular personalidad del así rebautizado. 

Por el momento este es el saldo de mi flaca memoria.

Si usted conoce otros casos correspondientes al beisbol santiaguero me gustaría que los compartiera en la casilla de comentarios para hacer más completo este pequeño recuento.

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Comentarios

Anónimo ha dicho que…
A Larduet le decian Costapinto, de la novela Doña Bella.

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