Beisbol cubano, Santiago a las puertas del adiós.

Texto y foto: José R. Castillo Argüelles.

Después de década y media de presencia sistemática en la post-temporada el equipo de Santiago de Cuba está en el umbral de su exclusión este año al sumar anoche un costosísimo revés a manos de un pretendiente que justamente atesora el aval de haber sido responsable de su más inmediata eliminación precedente, ocurrida en 1995, Holguín.

El tropiezo de anoche nos pone ante la real posibilidad de encarar lo que en términos literarios llamaríamos ¨Crónica de una muerte anunciada¨. No parece existir sino una remotísima y milagrosa conjunción de circunstancias para que los discípulos de Antonio Pacheco escapen al atolladero mortal en que se han metido.

Su ubicación en la sexta casilla de la Zona Oriental a dos juegos de diferencia de Holguín y a uno de Las Tunas los coloca en una situación verdaderamente desesperada puesto que, aunque tienen dos juegos pendientes con la tropa de Ermidelio Urrutia que eventualmente les podrían permitir al cierre del calendario regular borrar la diferencia que los separa de estos; el otro pretendiente, Holguín, se puede escapar, porque dependería únicamente de sus propios resultados ante Granma, equipo mucho menos exigente que Guantánamo, el siguiente inquilino de las Avispas en el Guillermón Moncada.

Es cierto que todavía no han concluido las sub-series que comenzaron anoche y que las matemáticas aún dejan margen para los sueños, pero esos sueños más bien apuntan a la pesadilla, si tomamos en cuenta objetivamente la situación del conjunto.

Ayer Cintra sacó la cara por el pitcheo e hizo una encomiable apertura hasta que, después de un out en el séptimo episodio, le ligaron par de dobletes que llevaron al alto mando rojinegro a su reemplazo por Carlos Manuel Portuondo. El curveador de Guamá permitió en total ocho jits, tres carreras, una sucia, ponchó a dos y regaló par de boletos.

Cintra no recibió el necesario respaldo ofensivo, ya que sus compañeros únicamente produjeron una carrera, y eso dio pie a su sustitución y a la aparición en la escena de una película que hemos visto muchas veces a lo largo de la temporada: un relevo ineficiente, incapaz de contener a los rivales.

Anoche, desde luego, no fue la peor jornada de los apagafuegos, puesto que Portuondo apenas admitió una carrera limpia y Tamayo sacó cuatro outs y no dejó que le anotaran. Sin embargo, en medio de un juego cerrado en extremo y con un lanzador como Luís Miguel Rodríguez que tuvo en un puño a la batería santiaguera, la carrera del octavo episodio fue el clásico puntillazo ante la esterilidad ofensiva de los anfitriones.

Por añadidura la defensa también dejó su huella en el resultado, pues fue responsable de la segunda carrera del séptimo capítulo, que amplió a dos el margen ventajoso de los holguineros.

No tengo duda alguna de que, pese a todo, no habrá capitulación y los indómitos saldrán en busca de ese imposible, pero acaso no basta con la disposición de ánimo.

La ineficiencia del pitcheo, el agravante de la merma ofensiva y sobre todo la falta de oportunidad en el bateo dibujan un paisaje nada grato que viene a tornarse más sombrío si la defensa muestra fisuras en estos momentos clave.

Santiago necesitaba a gritos una barrida sobre Holguín para potenciar su candidatura a los play-off, habida cuenta el cierre tan adverso que han de encarar. Por lo tanto, el resbalón ante los Sabuesos, perfila con tintes muy reales el inicio del conteo regresivo para el campanazo final.

Ojalá este amargo presagio sea conjurado por el desempeño del conjunto en los juegos que restan, pero ello supone necesariamente que se reencuentren a sí mismos y que, por lo menos, entre en acción la más preciada arma de su arsenal: el bateo.

Está demostrado históricamente que el poder de fuego ha sido capaz de suplir las carencias en otros órdenes; más, cuando este mengua, la nave rojinegra queda a merced de los vientos.





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