Beisbol cubano, la victoria del chicle.

Por José R. Castillo Argüelles.
Foto: Cristyan González Alfonso

Sin dudas, pertenezco a otra generación.

Lo que para muchos hoy es un simple ejercicio de masticación anti–stress, para mi tiene perfiles de mimetismo colonizante.

En mi época, semejante calco tenía connotaciones inequívocas, porque era marca distintiva del estilo de vida de nuestros adversarios.

A tal punto era emblemático el desenfreno mandibular que hasta una célebre canción recorrió el mundo con un admirable retrato que aunó, en magistral síntesis, la proyección física y el ego dominante de los ¨dueños¨ de América.

La imagen no se ha desvanecido en mi mente, aún en medio de estos tiempos en que algunos pregonan la bienaventurada llegada del reino de los cambios por los cambios.

Tal vez por eso, tuve que soportar estoicamente el inusitado trasplante de esa inveterada costumbre, de raigambre casi cromosómica entre nuestros vecinos del norte, a nuestro campeonato nacional.

No tengo dudas de que por la capital entran los adelantos técnicos del beisbol-cosa lógica en su condición de puente y atalaya hacia resto del mundo-, pero también es modélico escenario desde donde se irradian prácticas que luego pueden tomar alcance nacional.

Perdónenme si hay algo de prejuicio en mí tal vez poco evolucionada noción del mundo actual, mas les confieso que prefiero marcar sólidamente las diferencias, antes que caer en brazos de una poco edificante metamorfosis, que tras su aparentemente inofensivo aspecto físico, tiene resonancias de orden cultural y espiritual.

Me disculpo de nuevo por esta digresión, fruto de un pensamiento ¨arcaico¨ y ¨prejuiciado¨ que se nutre de una historia que permanentemente nos envía señales de alerta, para que no cometamos el pecado original de la ingenuidad.

Cierro estas breves líneas con la gratificación verbal para Industriales por haber tenido la fuerza de ánimo y la capacidad para extender a siete juegos este inolvidable play-off y me dispongo resignadamente a una nueva sesión de mastico-terapia empeñado e impedir que, por asociación, llegue a concebir el espejismo de que la porfía tiene lugar en el Yankee Stadium.





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