Beisbol cubano, Villa Clara último semifinalista.

Texto y foto: José R. Castillo Argüelles.

La historia siguió su curso inexorable y a estas alturas nadie puede darse por sorprendido: Villa Clara eliminó a Santiago de Cuba y completó la cuarteta de equipos semifinalistas de la 49 Serie Nacional de Beisbol.

Las Avispas pelearon hasta el final, demostraron que las cualidades combativas que se les atribuyen siguen formando parte esencial de su naturaleza y que esa herencia casi genética de los defensores del pabellón rojinegro sigue presente en los atletas de las nuevas generaciones, como un valioso patrimonio que los compromete y distingue.

Tal como anticipamos en su momento, el desenlace era cuestión de tiempo. Santiago cayó víctima de una enfermedad que había sido diagnosticada: su pitcheo inconsistente para encarar satisfactoriamente las exigencias de la postemporada.

Si bien llegaron al filo de lo imposible, logrando una clasificación con la que pocos contaban y resurgiendo de sus cenizas tras una mortal cadena de tres derrotas consecutivas frente Villa Clara, su destino estaba fijado y no podían escapar a él en un plazo mayor o menor.

Es verdad que el último juego tuvo sus decisiones polémicas que pueden ser consideradas en el análisis, tal el caso del out en home de Maikel Castellanos, cuando el equipo creaba una seria amenaza y venía en turno al bate Rolando Meriño.

Si Maikel tuvo evidentes problemas para completar el corrido de las bases en dos oportunidades previas, por qué no fue reemplazado por un corredor rápido, que sin dudas habría anotado con el difícil lance en segunda base.

Por otra parte, si la dirección del equipo no quería prescindir a Maikel ante la eventualidad del que el choque se fuera a extrainning, por qué se le envió hacia la goma o ¿acaso fue una decisión individual?

También es muy cierto que el tiro del intermedista cumplió milagrosamente con las exigencias de la jugada: fue arrastrado, pero muy bien direccionado; si hubiese sido algo desviado, el corredor habría cruzado la goma sin problemas.

Aún así, creo que la afición santiaguera no se pierde en estériles divagaciones y saca la conclusión correcta: el pitcheo es una asignatura pendiente y reclama de una atención especial; sobre todo, ante la posibilidad real de ausencias notables en su nómina en el corto o mediano plazo.

No pongo en tela de juicio el calificado trabajo de los preparadores ni la labor de captación; como fruto de ese esfuerzo se ha logrado sumar algunos brazos fuertes que son dignos de mejor desempeño en el futuro; pero amigos míos la piedra angular, el elemento básico en la preparación de un lanzador es el control, desde los lejanos tiempos de Conrado Marrero hasta los más cercanos del enigmático pitcheo japonés.

Mientras no coloquemos en el lugar que le corresponde a esa premisa, seguiremos sufriendo las consecuencias en los ámbitos local, nacional e internacional.

De esta derrota hay que sacar las conclusiones adecuadas y trabajar de inmediato en la solución de nuestras carencias, si no queremos que sus secuelas se reproduzcan perniciosamente en el futuro.







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