Antonio Pacheco Massó y el protagonismo de un capitán

Por Rogelio Letusé
Foto: José R. Castillo Argüelles.

El béisbol cubano siempre ha tenido excelentes defensores del segundo cojín a lo largo de su historia.

Pasan en rápida retrospectiva Mario Fajo y Tony Taylor en los campeonatos de la Mayor de las Antillas antes de 1959; y con posterioridad a ese año, Andrés Telemaco, Urbano González, Félix Isasi, Alfonso Urquiola, Rey Vicente Anglada, Juan Padilla y- muy especialmente- Antonio Pacheco Masso, considerado el intermedista más completo de la pelota en la etapa revolucionaria.

El bien llamado "Capitán de capitanes" de nuestra formación nacional, nacido en la ciudad de Palma Soriano, Santiago de Cuba, el 4 de junio de 1964, vino al mundo para ligar su destino con este deporte, porque desde su niñez representó al victorioso pabellón patrio en un evento mundial infantil.

Educado con altos valores éticos en su humilde hogar del barrio La Ceiba, el joven Antonio, que tomó al estelar jardinero central Fermín Laffita como su patrón de jugador, continuó puliendo sus cualidades naturales en su paso por la EIDE (Escuela de Iniciación Deportiva Escolar) y con posterioridad a una loable actuación en la Serie Nacional Juvenil de 1981, integró el equipo Cuba participante en el Campeonato Mundial de esa categoría.

Allí el prospecto no solo lució inmenso en la defensa del campo corto sino también bateó a sus anchas para convertirse en un puntal del triunfo cubano en dicha competencia, y ganarse un puesto en el plantel santiaguero a la XX Serie Nacional de ese propio año.

El novato, que no demoró mucho en demostrar su valía, muy pronto se adaptó a las exigencias de un pitcheo superior, y avalado por su tacto, rapidez de piernas a la ofensiva, así como por un fildeo sobrio y seguro alrededor de la intermedia, llamó poderosamente la atención del respetable y los especialistas. A todas luces, Pacheco había llegado para hacer historia.

Y es que el bisoño jugador ya acusaba una madurez fuera de lo común. Su concentración en cada uno de los momentos del partido era impresionante, y su sistema de bateo, que era intachable, parecía pintado para ocupar el segundo turno al bate porque sabía conectar por detrás del bateador perfectamente.

Al campo, su desplazamiento, saltabilidad y buen brazo motivaron a los técnicos incluirlo como "utility" de cuadro en la nómina ganadora que representó a Cuba en la Copa Intercontinental de 1983, celebrada en Amberes, Bélgica, con lo cual se saldaba la dolorosa derrota de Edmonton, Canadá, en 1981. El buen quehacer de Pacheco en esa cita le dio el pasaporte para los Juegos Panamericanos desarrollados poco tiempo después en Caracas.

En dicho torneo suplió al titular del segundo cojín Alfonso Urquiola, cuando este sufrió una lesión. Sería esa la primera de cinco medallas áureas obtenidas por el palmero al máximo nivel continental. En definitiva, en esos campeonatos logró un guarismo de .486 producto de 52 indiscutibles en 107 turnos.

No solo destacaban en Antonio su sólido bateo y prestancia defensiva, pues igualmente su disciplina total, entrega a la causa del uniforme y el respeto a sus compañeros, lo convirtieron de inmediato en líder natural de la escuadra. Por ello, fue nombrado capitán de las selecciones Santiago, Serranos y Orientales que tanto brillo dieron a los torneos de los ochentas y noventas.

Posteriormente, y atendiendo a su comportamiento dentro y fuera del terreno, fue elegido capitán del conjunto cubano en 1986, en reemplazo del inmenso Antonio Muñoz; responsabilidad esa que ocupó dignamente hasta que de forma accidentada e intemporal lo llevaron a tomar un retiro casi forzoso en 2002.

La primera participación de Pacheco en Copas Mundiales tuvo lugar precisamente en La Habana en 1984. Su debut allí, que fue a toda vela, lo propició una lesión padecida por el torpedero regular Pedro Jova.

De ese evento se recuerda aún el fildeo por él realizado corriendo de espalda al plato en pleno jardín central. No menos destacada fue su ofensiva en esas lides mundialistas pues en sus siete incursiones en ellas conectó para .419 producto de 110 imparables en 262 veces al bate con 77 carreras impulsadas y 21 cuadrangulares.

Ya a partir de 1984 hasta el año 2001, Pacheco mantuvo su guante titular tanto en competiciones internacionales como en las domésticas, al tiempo que iba eslabonando marcas inexpugnables para los intermedistas cubanos actuales hasta un futuro imprevisible.

En ese largo ínterin de 22 temporadas, el estelar jugador oriental dio verdaderas disertaciones de lo que debe ser un deportista de alto rendimiento.

Sobre la eventualidad que le permitió destacarse desde un inicio, dijo con modestia en una entrevista: "Pude reemplazar a Urquiola y Jovita porque me sentía preparado para ello. Un jugador siempre debe estar preparado para cuando sea llamado a fila. Además recibí un gran apoyo de ambos".

Y fue esa la misma circunstancia que debió enfrentar cuando durante la celebración de la Copa Intercontinental de 1995 en La Habana salió a batear de emergente con las bases llenas en las postrimerías de un crucial encuentro que iba perdiendo Cuba contra China Taipei.

Sobreponiéndose al impenitente dolor lumbar que lo aquejaba y lo había mantenido en el banco durante ese campeonato, el palmero botó la pelota por el jardín central para propiciar un triunfo cubano que se disfrutó hasta el delirio.

Pelotero hecho a la medida de lo que la candela exigía, el "Gran Capitán" reeditó tal actuación a domicilio y nada menos que contra el rascacielos pinareño Pedro Luis Lazo.

Se discutía el Campeonato Nacional de la edición 2000-2001, y el último desafío de la Serie Post - temporada entre Pinar del Río y Santiago marchaba empatado a cuatro carreras en el sexto episodio, cuando este último congestionó las almohadillas.

El público que colmaba el "Guillermón Moncada" santiaguero pedía a gritos la presencia de Antonio, que estaba aquejado de inaguantables dolores en su espalda. Frío como estaba, y casi encorvado, llegó hasta el plato. Vino un "slider" alto y afuera que el camarero cubano más completo de todos los tiempos empujó hacia la banda contraria y la bola desapareció del estadio entre right-center. Ese batazo fue el colofón del campeonato para los orinegros del este.

Pero, desde mucho antes Pacheco, que promedió un magnífico .977 de eficiencia al campo en los campeonatos cubanos, había salvado más de un torneo para sus huestes guante en mano también. Se recuerda aún el fildeo de leyenda que realizó el 12 de abril de 1987 en desafío contra el equipo Habana en el estadio Latinoamericano, que salvó ese campeonato para el conjunto Serranos.


Incluso, en ocasión del certamen panamericano de béisbol de 1991 en Cuba, una doble matanza iniciada por Pacheco y culminada por el torpedero Germán Mesa de forma relampagueante hizo exclamar al dueño de los Medias Blancas de Chicago Eddie Eitholm, sentado a mi lado en el "Latino": "Esos hombres serían regulares en mi equipo".

Momentos cenitales para la carrera deportiva del "Capitán" fueron las dos medallas de oro conquistadas en las Olimpiadas de Barcelona (1992) y Atlanta (1996), así como la plateada en Sydney (2000). En efecto, en esas citas estivales bateó para un altísimó .362 y fue una figura clave de la formación cubana.

Al margen, y no menos llamativo, resulta el hecho de que Antonio Pacheco junto con Orestes Kindelán han sido los jugadores que mayor número de veces han militado en equipos campeones de la pelota cubana; y- no huelga expresarlo- siempre desempeñaron funciones protagónicas en los mismos: Santiago (como jugadores) 1988-89, 1998-99, 1999-2000, 2000-01; (mentor y entrenador respectivamente) 2004-05, 2006-07, 2007-08; Serranos 1986, 1987, 1992; Orientales 1993, 1995; Orientales (Copa Revolución) 1996, 1997; catorce campeonatos ganados en total.

Pacheco, que hizo mutis de los conjuntos locales en 2001, no sin antes haber sido escogido para el Equipo Todos-Estrellas de la Copa Mundial ganada por Cuba en Taipei de China, fue seleccionado el Mejor Jugador Aficionado del Planeta en 1991.

Mas recientemente durante el Juego de los Veteranos celebrado en el "Estadio Guillermón Moncada" de Santiago de Cuba, el dos de febrero de 2008, Pacheco salió a consumir su turno al bate en el quinto capítulo- el último- del encuentro con las bases llenas y el desafío empatado a siete por bando contra el lanzador de Occidentales Lázaro de la Torre, y despachó un cuadrangular entre left-center al primer lanzamiento que dejó tendido a los rivales 11 x 7, para convertir así al Guillermón en un manicomio.

Antonio Pacheco Massó, que aparece entre los diez primeros en casi todos los renglones ofensivos principales de nuestro béisbol, y lidera los incogibles conectados con 2 356, ha comenzado a trazar venturosas travesías desde su puesto de mando al frente de la nave santiaguera. Con ella amenaza seguir agregando nuevos galardones a su excelsa capitanía.

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