¿Qué pasa con Norge Luís Vera?


La pregunta asoma persistente a nuestro paso cada día y no pocas veces viene aderezada con especulaciones de todo tipo con las que los inquisitivos aficionados  tratan de llegar al meollo del asunto.

Todo comenzó con la exclusión del estelar serpentinero de la preselección para integrar el equipo que nos representará en la Copa Mundial de Panamá y en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, ambos en este 2011.

Para los seguidores de este deporte no pasó inadvertida la ausencia de un lanzador del calibre y el historial de Norge Luís Vera de quien únicamente se informó que estaba fuera de forma deportiva y que la misma era irrecuperable en el corto tiempo disponible antes de esas inminentes competencias.


Así las cosas, era inevitable preguntarse si acaso los demás atletas, acogidos también a un descanso, se hallaban en forma deportiva. La lógica más elemental parecía descalificar ese argumento.

Aquí comenzó la llamita de la inconformidad entre los aficionados, que no entendían las razones aportadas por las autoridades de esta disciplina.

Empezaron a aflorar entonces una serie de hipótesis que venían a ocupar el  vacío que la insuficiente explicación plantó en medio de este tema –siempre apasionante- del debate nacional y en esta suerte de terreno baldío proliferaron conjeturas y verdades a medias.

El cóctel tenía los ingredientes para estallar: que si Vera terminó lesionado en el Torneo Challenge en Canadá y aún estaba aquejado por dicha lesión, que si ya las autoridades habían hablado con el atleta y éste había comprendido las razones de su no llamado a filas, que si Vera y el actual mentor Alfonso Urquiola no tenían las mejores relaciones y éste había decidido -haciendo uso de su potestad- excluirlo de la convocatoria (algo a todas luces absurdo); que si Vera, por el contrario, no tenía molestia alguna en su brazo de lanzar y que por lo tanto se sentía muy inconforme con su separación del equipo; que si Vera fue llamado a la capital para incluirlo de nuevo en la preselección –lo cual significaría un reconocimiento tácito de un error de procedimiento-, que si Vera se había negado a aceptar su ingreso en medio de estas circunstancias, que si Vera decidió retirarse, que si Vera va lanzar todavía con el equipo de su provincia en la próxima Serie Nacional, que si Vera esto que si Vera aquello y así todo un floreciente ramillete de especulaciones fomentadas por la escasa transparencia y la morosidad para hacer de dominio público asuntos que obviamente no son ni deben ser secreto de estado.

A estas alturas los propios especialistas que abordamos esta temática en los medios informativos no podemos arrojar luz en este asunto porque como es sabido no pocas veces los tópicos del beisbol se tornan inextricables por una suerte de pernicioso hermetismo

¿Qué contribución se le hace a nuestro deporte con ese proceder? 

¿Por  qué hay que obligar a la afición a armar a retazos la verdad sobre un determinado asunto cuando debería por el contrario existir la obligación de tenerla al corriente con todos los detalles y a la mayor brevedad posible?

Créanme que no lo entiendo. 

Tal vez algún día en medio de este tortuoso camino encontremos nuestra Piedra de Rosetta que así como la lápida primigenia ayudó a decodificar los jeroglíficos egipcios esta nos permita descifrar definitivamente los arcanos de nuestro pasatiempo nacional.

Cuba, deportes, beisbol

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